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Abusones y maleducados en las redes sociales

(El Periódico, 23 Enero 2013)

La desviación social es uno de los temas clásicos de la sociología. Las conductas desviadas son aquellas que transgreden las leyes y las normas sociales que estructuran una comunidad o una sociedad. Pautas desviadas hay muchas: desde el financiero que evade impuestos, el político corrupto, el fumador de marihuana o los abducidos por una secta. Hay tantas desviaciones como visiones morales existan y tenga poder para imponerse en el debate público y mediático. De hecho, ya es muy significativo si una sociedad castiga o tolera peor al fumador de marihuana que al evasor fiscal. Nos dice mucho sobre su sentido de la justicia moral.

Internet es la otra comunidad de la cual ya formamos parte. La expansión de las redes sociales, los móviles inteligentes y el mayor ancho de banda está multiplicando el consumo de Internet o incluso, el sobre-consumo. En un exhaustivo estudio de Carbonell (2012) se concluye que la adicción a Internet y a los móviles no pasa del 10%, siendo una minoría que ya es adicta o dependiente de otras adicciones, sea al juego, al sexo o a ejercer el poder, el abuso y la dominación. Adictos que la sociedad puede definir como desviados sociales o no.  

Internet es una comunidad abierta que genera nuevas alarmas sociales y conflictos morales en torno a qué conductas aceptar y cómo poner límites a ciertas conductas desviadas o intolerables. Un ejemplo de alarma social es la producida por el riesgo de acoso por Internet, ya sea por parte de pederastas o entre los mismos adolescentes (ciber-bullying). Los estudios realizados coinciden en señalar la adolescencia como la mayor etapa vulnerable, especialmente las chicas. Nuestros adolescentes son llamados “nativos digitales” o generación Google porque han crecido y se han socializado entre pantallas, Internet y las redes sociales. Es cierto que están expuestos a nuevos riesgos y a nuevos formatos que permiten el ciber-acoso, las humillaciones anónimas y el desprestigio en público, en chats y foros.

Los comportamientos incorrectos y su no moderación son una responsabilidad civil que recae en las empresas gestoras de los portales web. Son éstas las primeras interesadas en imponer normas moderadoras y erradicar las pautas desviadas. Sin embargo, la proliferación de abusones y relaciones de micro-dominación entre adolescentes tiene su raíz en la misma sociedad, las familias y las escuelas que no atajan ni reconducen esa moda o tendencia. Es un conflicto y un riesgo mal resuelto.

Para acabar, pondremos otro ejemplo de conflicto normativo en Internet. Los trolls son aquellos que participan en los foros, blogs y redes sociales para desvirtuar un debate, soltar insolencias o desprestigiar a otros. Son la pesadilla de editores y moderadores de las webs. ¿Los toleramos o los disuadimos?. ¿Prevalece la libertad de expresión o un mínimo de educada cortesía?. No censurar los maleducados ¿es elitista o es populista? Son dilemas morales plateados ante la proliferación de “trolls” y otras desviaciones vulgares que empobrecen el debate público y el buen uso de Internet. El riesgo al desprestigio, al acoso y a la vulgarización también nos indica qué tipo de cultura y normas consensuadas nos caracterizan como comunidad.