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Horarios y tiempos: una herencia franquista

(El Periódico, 4 Diciembre 2011)

El martes celebramos una festividad laica (la Constitución) que enaltece y nos hace recordar el origen del actual sistema democrático y de libertades recuperado en 1978. El jueves celebramos una festividad sagrada (la Inmaculada) en honor a la patrona de España según manda el calendario católico y la tradición  desde 1644.

Sólo unos pocos habrán planificado un macro-puente que dure una semana. Otros habrán cuadrado sus agendas laborales y escolares para disfrutar de un tramo de puente. Otros muchos ni siquiera eso, atenazados en la actual época de crisis.  Mientras que los cinco millones de desempleados siguen otras coordenadas de tiempo. El macro-puente abre así la polémica sobre la legitimidad y adecuación del calendario laboral y de los tiempos. 

El presidente de la CEOE, Juan Rosell ha declarado que este macro-puente “es un escándalo” y que los dos festivos deberían trasladarse a lunes y martes. Si se hiciera así (desde un enfoque de eficiencia tecnocrática) quedaría rota y truncada la línea de conmemoración histórica que establece los días 6 y 8 de diciembre como hitos míticos a ser celebrados. De nuevo, la lógica del tiempo capitalista trata de usurpar y colonizar el tiempo festivo asentado en la tradición civil y sagrada. A su vez respetada por patronal y sindicatos. Hasta ahora.

Es cierto que España es el país europeo con más días festivos sin contar los domingos (14 días), mientras Alemania está en la media europea (10) y el mínimo lo marca Holanda (5 días). En cambio, España cuenta con un menor tiempo de vacaciones retribuidas (22 días) a distancia de países como Alemania o Dinamarca donde cuentan con 30 días pagados de descanso. No es porque sean países más ricos es porque han contado con poderosos sindicatos que, en el pasado, han conquistado ese derecho para las nuevas generaciones. En total, Alemania suma 40 días de no-trabajo (entre festivos y días retribuidos) mientras en España son 36 días.

El problema de la eficiencia y productividad que escandaliza a algunos no se sitúa en el calendario sino en la pauta horaria anómala que sigue España. Nuestro huso horario no se ajusta a la posición geográfica de la península. Hasta 1940, España seguía el horario atlántico (una hora menos) como siguen haciendo Canarias, Portugal, Gran Bretaña o Marruecos. De hecho, Galicia está encima de Portugal pero no resta una hora como hace su país vecino.

El dictador Franco es el origen de todo el desajuste horario que sufrimos. Sus posteriores consecuencias negativas que siguen sin resolverse (ineficiencia, conciliación familiar, doble jornada femenina, etc) cabe atribuirlas a las élites políticas, patronales y sindicales que en los últimos treinta años de democracia no han sabido o querido revocar una orden franquista. Suena fuerte pero miren a Baltasar Garzón.

En 1940, Franco cambió el huso horario español para ajustarlo al de la Europa central (países al este del meridiano de Greenwich). Sólo para complacer al régimen nazi de Hitler y al fascista Mussolini. Todo por el eje. Todo bien atado. Porque seguimos en un huso horario que no nos corresponde ni por geografía ni por historia.

En lugar de ajustarnos al horario atlántico (y unificarnos con Canarias) seguimos siendo el país donde más tarde amanece. Ello supone entrar más tarde a trabajar. Comer en una larga sobremesa y salir más tarde del trabajo. Hasta 1940 se entraba antes a trabajar, se comía sobre la una de la tarde y se salía mucho antes, teniendo tiempo después para la vida familiar, la vida asociativa y política o para uno mismo. Los economistas podrían calcular la ineficiencia histórica acumulada que nos dejó el dictador y que nadie se ha atrevido a revocar ni cuantificar.    

El pacto sobre los horarios y tiempos es uno más entre otros muchos consensos que la democracia española debería tener ya resueltos. La lista de malas inercias es muy larga (fraude fiscal, precariedad laboral, sobreendeudamiento, fracaso escolar, etc). Los daños de esta crisis hubieran sido menores si se hubiesen afrontado antes.