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Identidades “macho” violentas

(El Periódico, 5 Enero 2012)

Dos jóvenes gitanos (con más de sesenta antecedentes penales) fueron detenidos ayer en relación a la muerte a tiros de un senegalés. Lugar: el barrio multiétnico del Besòs en Barcelona. Todo se origina por la molestia de un vecino gitano ante un grupo de senegaleses que juegan a fútbol en la calle sin hacerle caso ante sus quejas. Bajan sus hijos del piso familiar, armados con pistolas y disparan a los senegaleses, imponiendo su ley y su poder con violencia extrema. Todo rápido, con furia y determinación. Como sucede en los videojuegos y en las series televisivas. Pero esta vez es realidad real y ha sucedido cerca de nosotros.

Como reacción unos cien senegaleses se concentran de forma pacífica. Pero una fracción de jóvenes rompe la concentración y suelta su rabia rompiendo los cristales de cuatro coches, provocando altercados que tuvieron que ser reprimidos por los antidisturbios de los Mossos. Las crónicas recogen la indignación de los senegaleses con sus jóvenes compatriotas violentos cuya ira y furia no pudieron contener.

Anomia y violencia extrema en un barrio popular muy castigado por la crisis que concentra un vecindario multiétnico. En la nostalgia ha quedado aquel modelo de barrio obrero con vecinos llegados de la emigración andaluza y del resto de España. El barrio que superó la dura crisis de empleo de los años 80 (y su azote de delincuencia juvenil). El barrio que hoy acoge a marroquíes, pakistaníes, subsaharianos, gitanos apayados y familias de siempre cuyo modelo de convivencia y cohabitación inter-étnica no ha generado problemas.    

¿Estamos ante un caso de violencia racial? No lo parece. No podemos “racializar” un episodio violento a la ligera, atribuyendo el crimen a la etnia gitana como un todo estereotipado. Personifiquemos los hechos en los individuos antes de inventarnos un conflicto inter-étnico ficticio o mediático. En principio, las disputas inter-étnicas en las barriadas se producen o bien por el rechazo mutuo entre grupos enfrentados o bien por la lucha competitiva por algún recurso escaso (nicho ocupacional, subsidios, alquileres, etc). No parece el caso, dado que no ha habido una agresión grupal de “los” gitanos, sino una agresión individual extrema. Más bien se trata de un caso de violencia contra inmigrantes ejercido por parte de tres “machos” violentos que en lugar de ser payos y fascistas son, en este caso, gitanos con abundante antecedente penal. No ha sido violencia gitana sino violencia con nombres y apellidos individuales.

Es llamativo que hayan atacado a quienes ahora usan la calle como espacio público casi permanente desvelando una lucha simbólica por el territorio: de quién es y quién decide cómo hay que usarlo. Pero aquí no hay bandas juveniles en liza, ni grupos étnicos enfrentados por acumulación de agravios. No hay lucha grupal de fronteras. Más bien, se trata de identidades “macho” violentas, xenófobas y muy individualizadas. Si no atribuimos “raza” a los agresores, los dejamos como lo que son: sujetos supremacistas desafiliados de su linaje y con largo historial delictivo. Que no vaya a más. Aunque luego por las noches nos hartemos de ver ante la pantalla ídolos y machos violentos.