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A las duras y las maduras: el escrache del movimiento anti-desahucios



(El Periódico, 27 de marzo de 2013)

El movimiento antidesahucios consiguió en febrero la tramitación de la iniciativa legislativa popular (ILP) avalada por un millón de firmas, tramitación que el propio PP apoyó. Posteriormente, la reciente sentencia del Tribunal de la Unión Europea considera ilegal y abusiva la legislación sobre ejecuciones hipotecarias y exige, nada menos, que España cambie su ley hipotecaria.

Es un hito histórico que enmienda por completo a los gobiernos de PSOE y PP. Esta sentencia ha conmocionado la sociedad española dejando en evidencia una legislación única en el mundo que favorece a la banca y se remonta a 1946 (con normas de desahucio intactas desde 1909). Herencias del franquismo y de la mala gobernanza que hoy se traducen en medio millón de desahucios bajo una crisis económica colosal que ya es una crisis humanitaria y de empobrecimiento masivo.

La pirámide del sacrificio y del sufrimiento que está suponiendo esta ley hipotecaria ilegal se ha de acabar y derrumbar. Sin tantas dilaciones. En lugar de acatar la justicia europea, pedir disculpas inmediatas y reparar el daño causado (sin mencionar los suicidios), la derecha española está acostumbrada a estigmatizar las protestas y banalizar sus causas. Impone un esquema simplista de buenos y malos donde ella acaba siendo la víctima. Ahora asimilan al movimiento anti-deshaucios como borrokas y filoetarras. Incluso, dejan caer que los partidos de izquierda manejan sus hilos a distancia. Todo sea por intoxicar y tergiversar una realidad que les incomoda.   

Los escraches forman parte del derecho de manifestación, son pacíficos y siempre registrados en video para probar la ausencia de acoso y violencia. Es cierto que tensionan la frontera entre lo público y lo privado. Siempre y cuando no intimiden a los familiares ni impliquen agresividad manifiesta, son formas de protesta legítima e irrenunciable. Personalizan el poder y las relaciones de poder propias de una democracia, donde los políticos electos han de saber resolver los conflictos y necesidades de sus representados. A las duras y a las maduras.