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Mareas de rebeldía ciudadana


(El Periódico, 10 de Marzo de 2013)

La crisis económica, los recortes de la austeridad, el aumento de las desigualdades y el destape de la corrupción son las causas explosivas del actual ciclo de malestar y protesta ciudadana. Dicen que Rajoy preguntó a asesores independientes hasta cuándo aguantará la población y si habrá o no un gran estallido social que haga saltar por los aires tanta desafección e indignación. Es la gran incógnita imprevisible que acongoja a unas élites de poder, cada vez más desafiadas y contestadas ante las mareas de rebeldía ciudadana. 

Mareas de rebeldía que responden con nuevos lenguajes, tácticas y repertorios desconocidos hasta ahora. Ahí reside la innovación política que aportan desde la creatividad y la optimización de las redes digitales. Son las mareas verdes, blancas y amarillas que adoptan colores identificativos para ilustrar un mosaico transversal de luchas de defensa (de la dación en pago, de la educación o la sanidad pública y de otras causas). Nuevas mareas de rebeldía que enriquecen, complementan y superan las clásicas formas de protesta y representación encarnadas en los sindicatos y el movimiento obrero. La dualidad entre viejas y nuevas lógicas de acción colectiva se explica, en gran parte, por el papel de Internet y del ciberactivismo a la hora de organizar, cohesionar e impulsar las conciencias de protesta. Pero su premisa previa se debe al mayor nivel educativo y crítico de la ciudadanía, cristalizando lo que Vázquez-Montalbán ya calificaba como una alta cultura popular más participativa.

El viejo paradigma de una vanguardia de líderes obreros o de izquierdas que lideraba tras de sí a las grandes masas ha quedado en el recuerdo. El carisma cuasi religioso de los viejos líderes y popes de la modernidad industrial se ha desvanecido. Eso es positivo y coherente con el cambio de época que vivimos en plena modernidad reflexiva. Ahora, en lugar de masas obedientes y clientelares, emergen multitudes inteligentes de grupos organizados en redes y plataformas horizontales dispuestas a llegar hasta la desobediencia civil. Hemos pasado de la jerarquía a la redarquía: del dictado de unos líderes que imponían doctrina y consignas a las masas subordinadas a la horizontalidad coordinada desde abajo que delibera y decide en común acciones y tácticas de gran impacto (mareas, “smart mob”, hacktivismo, etc).

Este cambio no supone un caos como dicen algunos conservadores de derechas y de izquierdas, sino un salto emancipador y generativo de una ciudadanía más reflexiva que reclama más calidad democrática, más transparencia y rendición de cuentas y más capacidad de decisión directa. En suma, un salto que no es anti-sistema sino pro-activo por una democracia más exigente y legítima. En perspectiva histórica, supone un cambio de calado y aún abierto, comparable al salto liberador del campesinado, del proletariado o de las mujeres hasta conquistar su estatuto formal como ciudadanos de pleno derecho. No hay que minimizar las mareas de rebeldía ciudadana. Son la semilla portadora y anticipativa de un tiempo nuevo y de una governanza decente que las viejas élites no han sabido ni formular ni administrar.