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Zona franca de privilegios para el juego

(EL Periódico, 24 de junio de 2013)

La llegada de Eurovegas y otros complejos del juego ha abierto un intenso debate sobre la conveniencia o no de aceptarlos. Son un desembarco de grandes inversiones con la promesa de miles de puestos de trabajo que contribuirán a paliar tanto paro. Incluso el conseller Mas-Collell define esas inversiones como un ejemplo de política industrial. Antaño la política industrial era atraer a la Seat y a grandes fabricantes para que se instalasen en la Zona Franca de Barcelona.

En los años noventa la política industrial atrajo empresas creativas, hoteleras y de tecnologías limpias. Así, el Manchester industrial del Poble Nou pasó a transmutarse en el distrito 22@ y el viejo litoral de Barcelona pasó a ser un bulevar californiano. Para completar su mutación posmoderna, ahora la política industrial es atraer mega-casinos y resorts para consumo del mercado euro-ruso-asiático. Todo un cambio de  dimensiones y de magnitudes.

Hablamos de construir ciudades del juego con un enorme impacto ambiental que vienen con exigencias feudales para crear zonas francas fuera de ley. El mismo Adelson admitía en una entrevista que el alto nivel de paro en España ablandaría a los políticos para aceptar sus condiciones. Encima, animó la subasta aprovechando la rivalidad entre Madrid y Barcelona.

Rebajar las tasas fiscales del juego, contratar mini-jobs sin derechos, permitir fumar o consentir el acceso a menores son parte de las condiciones de una negociación que ha retransmitido la prensa como si fueran adelantos de lo que va a caer. Así se va ablandando la tolerancia social ante un dilema diabólico. O lo tomas o lo dejas. Cualquier otro país democrático exigiría planes de sostenibilidad ambiental, altas tasas fiscales y regulación estricta. Pero Spain is different.

El gobierno Rajoy ya ha aceptado rebajar las tasas fiscales y parece dispuesto a consentir todos los cambios legales estatales que hagan falta. ¿Qué concepto de soberanía política puede tener Rajoy si se pliega a las imposiciones de los señores del juego? ¿Estos tipos sí son sujetos de soberanía? ¿Cómo defenderá la recentralización y la unidad de mercado cuando tolera zonas francas para el vicio?     

Parece que los inversores del BCN World han sido más discretos y su proyecto responde a un perfil algo distinto pero resultará beneficiado por todos los cambios legislativos que se decidan. Son ejemplos del proceso de disneylandización del ocio, la cultura y el consumo que comporta el mundo globalizado. Pero no por ello hemos de aceptar sus condiciones de zona franca o de señorío feudal desregulado.