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E-namorarse

(El Periódico de Catalunya, 21 de Febrero de 2015)

El sociólogo Jean-Claude Kaufmann analiza en su libro Love online cómo Internet ha cambiado las reglas del juego del amor. Antes de Internet, teníamos referentes y  figuras de apoyo que ayudaban a establecer relaciones y a poner en contacto a los pretendientes. Las amistades, la familia, los compañeros de trabajo o los vecinos del barrio y la pequeña comunidad han cumplido su función como celestinas voluntarias o involuntarias. Hoy en día las nuevas celestinas son los grandes portales de contactos que intermedian con millones de personas y cubren esta necesidad tan humana haciendo negocio como nuevos profesionales del amor romántico.

Una vez puestos en contacto, Internet ofrece libertades sin limitaciones y rompe muchas reglas morales que atenazan la vida real y el cara a cara. No sólo ofrece anonimato para desfogar la libido sexual. También garantiza mayor desinhibición y, sobre todo, mayor asertividad entre las mujeres que pueden afirmar lo que les gusta y lo que quieren sin las presiones del entorno ni del cara a cara. Por ello, los grandes portales de contactos dirigen su publicidad hacia el segmento femenino ofreciendo un entorno de seguridad, sin riesgos y con un cribado fiable que dice excluir los machos indeseables y babosos. Ofrecen la ilusión de la afinidad, saltándose las fases previas del tanteo inicial para así ahorrarnos tiempo. Filtro perfecto, en poco tiempo y con la máxima afinidad contrastada. Pura ilusión.



La tasa de éxito o de flechazos de estos grandes portales tiende a ser muy modesta, generando fatiga y frustración. Quienes los usan, han delegado en ellos tareas fundamentales que no pueden sustituir la intuición que nos guía en la vida real. Los portales de contactos hacen tests de compatibilidad y usan algoritmos matemáticos para detectar las afinidades. Pero nunca un algoritmo podrá sustituir el poder intuitivo de los humanos a la hora de sentir un flechazo o el fuego del amor auténtico. Herbert Marcuse y Jürgen Habermas ya nos advertían que no podemos dejarnos colonizar el mundo de la vida. Sin embargo, es lo que hacemos por inercia cayendo en un mundo de paraísos artificiales e inauténticos que damos por válidos.

Ahora bien, emparejarse por Internet a base de diálogo sincero, chateos y quedadas es perfectamente posible sin necesidad de portales de contactos, tal y como ilustra el reportaje. La industria del e-namoramiento nunca podrá ofrecer autenticidad. Es algo que debemos aportar nosotros mismos y sin miedos. Todos conocemos algún caso de parejas que se conocieron por sí mismos y sin celestinas de pago. Aunque antes tuvieran encuentros con personas equivocadas.


Desvirtualizarse y quedar en la realidad off-line también es una prueba de madurez para los pretendientes. Es un momento que puede ser mágico o bien, trágico cuando se fusiona lo ilusorio y lo verdadero. Pero pone a prueba nuestra integridad, realismo y capacidad para aceptar al otro/otra tal cual es. Por eso las historias de éxito y los flechazos genuinos y duraderos se han basado en la autenticidad humana. No en algoritmos fríos de pago.

Justicia, depuraciones y garantías de futuro

(El Periódico de Catalunya, 23 de Enero de 2015)

El documental Ciutat Morta, multipremiado en varios festivales, se emitió por fin el pasado sábado en Canal 33 y alcanzó una audiencia récord de 570.000 espectadores. No es para menos. El documental reúne rigor y fuerza a la hora de reconstruir los hechos del “caso 4F”. Una terrible tragedia que está reclamando a gritos la reapertura judicial del caso y la depuración de responsabilidades en la guardia urbana y en el  Ajuntament de Barcelona de por aquel entonces.

El caso se salda con un guardia urbano que acabó tetrapléjico, tres jóvenes torturados en comisaría y la inocente Patricia Heras muerta por suicido tras haberse ampliado su condena a pesar de ser ajena al lugar de los hechos. Todo ello tras un proceso judicial que no cumplió con todas las garantías y que se basó en las declaraciones de dos guardias urbanos que luego fueron condenados por malos tratos y ahora gozan de una jubilación dorada. Entremedio, encubrimientos, silencios y penumbras entre los políticos locales y sus fuerzas policiales. Un caso de instituciones acorazadas y permisivas con la brutalidad policial. Un año después el conseller Joan Saura empezó a poner cámaras en las comisarías para prevenir las torturas recibiendo una colosal campaña en contra por parte de la derecha en la retaguardia. No es cine negro de Hollywood sino un caso vivido en la Barcelona de 2006.



El “caso 4F” ha llegado ahora al gran público que apenas tuvo constancia de lo que pasó en su momento.  Aunque, con un prolongado retraso, se nos invita a todos a hacer retrospectiva de aquellos años y elaborar una especie de balance moral. Eran los años en que Fèlix Millet, Bustos, los hijos de Pujol, Prenafeta y tantos otros robaban y se enriquecían del dinero público mientras Itziar González, la virtuosa concejal de Ciutat Vella era amenazada por una mafia hotelera y abandonada por su partido. Todo está al descubierto y sojuzgado por una ciudadanía muy curtida que ha absorbido y digerido muchas decepciones. Tantas decepciones la han hecho madurar y crecer en su grado de exigencia democrática. La ciudadanía no mira para otro lado sino que quiere conocer lo que pasó. Conocerlo para meditar y exigir consecuencias. Ésa es la buena noticia. No defendemos ni la brutalidad policial, ni las mafias de corrupción ni la impunidad con que se ha arrasado el equilibrio moral. Es hora de volver a un nuevo equilibrio y restituir los daños.


Ciutat Morta es la bomba retardada que deja desnudo a todo un modelo de impunidad que ha saltado por los aires. Nunca más. Ése es el clamor tajante de la ciudadanía. Justicia, depuraciones y garantías de futuro. Garantías para que no vuelvan a fallar las instituciones de nuestra democracia. Empezando por nuestra policía que ha de ser depurada de toda práctica de cultura de la muerte que diría Erich Fromm. Por nuestros representantes electos que han de ser virtuosos y legalistas. Acabando por los grandes medios de comunicación que, en plena era digital, no pueden silenciar aquello que conmueve e indigna a los ciudadanos decentes. Nunca más.