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Marihuana en tiempo de elecciones

(El Periódico de Catalunya, 6 de Mayo de 2015)

El alcalde de Barcelona Xavier Trías aprueba hoy una normativa parcial que deja para más adelante cuestiones como la apertura y el funcionamiento de los clubs canábicos.  A pocos días de empezar la campaña de las municipales, el Ayuntamiento de Barcelona anuncia su intención de cerrar 100 clubs. Sólo acabarán funcionando una veintena en toda la ciudad. Las inspecciones de la guardia urbana de los últimos meses ya habían cerrado otros 63 clubs por cometer irregularidades. Parece que las inspecciones han servido para establecer criterios de aprobación y de cierre. El principal criterio hecho público (el resto de criterios no se conocen) es prohibir los clubs que no estén a más de 150 metros de equipamientos públicos (escuelas, centros cívicos, bibliotecas, etc). Correcto.

Una normativa parcial, en época casi electoral y con el objetivo declarado de proteger a la infancia. Eso han dicho. Lo hacen por el bien de los menores. Sí, ya se han cerrado los 63 clubs piratas que vendían a menores. Bien hecho. Pero ahora se justifican los futuros cierres porque, dicen, que el consumo de marihuana está relacionado con el fracaso escolar y otros problemas médicos. Vayamos por partes. Primero, según los datos de la Agencia de Salud Pública de Barcelona entre 2004 y 2012 se ha producido un descenso del consumo habitual entre los menores de 18 años. Es probable que la próxima encuesta del 2016 capture un repunte pero aún no lo sabemos. Segundo, el 9% de los alumnos de bachillerato y FP consumieron marihuana en los últimos doce meses pero hasta un 70% compraron bebidas alcohólicas para irse de fiesta. Tercero, el perfil de alto riesgo por el cannabis alcanza al 5% de los chicos y el 3% de las chicas. El gran problema es el alcohol, no la maría y la cuestión de fondo es la descohesión anómica por la desigualdad en aumento.

Los pocos perfiles de riesgo que existen por la marihuana están asociados a otros factores familiares, de pobreza y de herencia cultural que sí son los que precipitan el fracaso escolar de los menores. ¿Un ayuntamiento democrático en pleno siglo XXI puede culpar a la marihuana como causa del fracaso escolar mientras no dice nada de la pobreza, de las desigualdades o de la precariedad material y de apoyos con que trabajan los profesores y las escuelas? Seamos serios. Las razones esgrimidas por el equipo de Trías recuerdan el discurso de los puritanos conservadores del siglo XIX.


Si una ciudad como Barcelona quiere ser un referente europeo en igualdad de oportunidades, en calidad educativa  y en protección de la infancia que empiece por declarar la guerra a la pobreza infantil. Cada dólar invertido en infancia tiene una rentabilidad del 8% según la famosa ecuación de Heckman. Es más rentable invertir en infancia que no en bolsa. Basta ya de tanta frivolidad entre la clase política que improvisa ideas y argumentos peregrinos en busca del votante tradicional y de orden. Igual ésa es la intención de Trías pero nos merecemos un debate electoral de mayor y mejor calado. Más inversión en infancia, adolescencia e innovación educativa y menos demagogia.