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Robots que no pagan impuestos

(El Periódico de Catalunya, 28 de marzo de 2016)



La cuarta revolución industrial ya está aquí entre nosotros aunque no la percibamos. Avanza imparable en centros de investigación y desarrollo tecnológico bajo una fuerte competitividad por conquistar nuevas fronteras y límites sin tener en cuenta sus costes sociales y humanos. Se estima que en cuatro años, los taxis de Japón serán robots y una parte importante de la logística se realizará con drones, prescindiendo de miles de empleos humanos. Los recepcionistas de hotel o las cajeras de supermercado son ejemplos de los millones de empleos sustituibles por robots. Buena parte de los obreros de fabricación de la industria, de la venta en comercios, de las rutinas administrativas e, incluso, de ciertas rutinas expertas como la de analistas financieros, abogados y periodistas serán fácilmente prescindibles ante el avance de la robótica y la inteligencia artificial.

Según un informe del banco Merril Lynch, el 45% de los puestos de trabajo de fabricación en el sector industrial serán robotizados en los próximos 20 años frente al 10% actual. La inteligencia artificial, cuyas posibilidades y desmanes se nos han mostrado en muchas películas de ciencia-ficción, crecerá un 36% ligada al Internet de las cosas (IoT) y la denominada Industria 4.0. Su aplicación en el hogar, en los servicios, en el transporte, en la sanidad, en las finanzas, en el ocio y en la industria militar y de seguridad reforzará el papel de Estados Unidos, Japón, China, Corea del Sur y la India como nuevos centros de poder y de liderazgo de la cuarta revolución industrial.



Se estima que la robotización de la industria y los servicios aumentará la productividad un 30% a costa de reducir los costes laborales entre un 18% y un 33%. Ahí está la clave de la cuestión. La historia del capitalismo es la historia de su plusvalía y su tasa de ganancia a costa del trabajo humano, ya sea de tipo colonial, obrero o de clase media. Ahora estamos ante el umbral de una nueva época donde el trabajo humano se va a hacer masivamente prescindible. La pregunta es bajo qué condiciones y límites. Si el futuro del trabajo es una robotización destructora de empleo humano, sin pagar impuestos, sin capacidad de protesta y devaluadora de los salarios, la cuestión es si esa tendencia intrínseca del desarrollo capitalista puede ser regulada en clave de bienestar y equidad o en clave de beneficio y explotación.

La lucha de clases del futuro será entre las máquinas y los humanos críticos que defienden su libertad como individuos y miembros de una comunidad decente. Por eso conviene abrir debates y regulaciones sobre el tipo de post-capitalismo y de sociedad 4.0 que queremos como ciudadanos libres en nuestras supuestas democracias. ¿Podemos decidir que ya toca repartir el tiempo de trabajo, adelantar la edad de jubilación y redistribuir las enormes plusvalías de la robotización?. 

Las utopías de Paul Lafargue o de André Gorz de una jornada semanal de 15 horas, con industrias que paguen impuestos por los robots que utilizan y con una renta básica de ciudadanía ya no son ideas descabelladas. Son exigencias de una ciudadanía crítica que, con el tiempo, irán ganando terreno hasta fijar un nuevo contrato social.  Si el capitalismo opta por un devenir post-humano y robótico, está en nuestras manos y consciencias decidir si lo permitimos y con qué compensaciones. ¿Nos ponemos las pilas? 

Redistribuir para poder crecer con justicia


(El Periódico de Catalunya, 10 de marzo de 2016)



Estos días el Parlament de Catalunya celebra el segundo pleno sobre la pobreza, tras el que se hizo en 2014. Esta vez se ha dado voz a las entidades sociales y han dicho grandes verdades que son evidencia. Han sido dos años sin ningún avance serio de lucha contra las desigualdades. Y eso que Cataluña tiene el triste honor de encabezar el aumento de la desigualdad según el índice Gini de toda la Unión Europea entre 2007-2014 por haberse disparado en 3,5 puntos. Según estimaciones de la OCDE cada 2 puntos más de Gini, el crecimiento económico futuro se retrae 4,7 puntos. Por tanto, es un tema muy serio. Tan serio y con tan enormes consecuencias que Barack Obama ha declarado las desigualdades como el gran tema de las agendas políticas de la próxima década. 

Aquí, no llegamos a tanto. Aquí, ni tenemos una clase empresarial ilustrada y predispuesta a que le aumenten los impuestos patrimoniales (como Warren Buffet, Bill Gates y otros). La inquietud sí ha llegado hasta el Cercle d’Economia en forma de seminario con expertos bajo el paraguas de Anton Costas en el que algunos hemos participado. Pero, aunque la economía crezca al 3,4% por el tirón de las exportaciones, la demanda interna sigue sin reactivarse dada la precarización y contracción salarial. Toda una señal del modelo de dualización social que se está imponiendo: sectores de clase media empleada y conectada con los mercados globales y un gran conglomerado del 40% de la población, rezagada, estancada y vulnerable que quedará fuera de la débil recuperación.

El mal llamado pleno de la pobreza sigue poniendo el foco en 150 medidas paliativas y sin indicadores de seguimiento. En un contexto de asfixia financiera donde, por ejemplo, los 20 millones que el plan de emergencia del Govern quiere destinar a educación tan sólo representa el 7% de los recortes realizados entre 2009-2013 en las partidas relacionadas con la equidad y la inclusión educativa. El resto de los 250 millones pactados por Junts pel Sí y la CUP en su plan de choque siguen siendo insuficientes y paliativos. Normal si encima cada año la Generalitat tiene que pagar 380 millones de intereses al FLA del señor Montoro. Sí, ese ministro que dice que las estadísticas de pobreza y desigualdad en España son mentira, mientras autoriza un aumento de 7.000 millones del presupuesto militar al margen de las Cortes. 

El dilema de la extrema desigualdad y del descensor social en Catalunya es único en el mundo. Da para una tesis. De hecho, la clave ganadora del salto sobiranista es la demanda redistributiva por delante de la identitaria. Sorprende que no se concrete un plan potente, serio y experto en diferentes plazos. ¿Podemos fijar en el medio plazo una renta infantil para familias pobres? Sólo implicaría el 4,5% de nuestro actual fraude fiscal. Y así, suma y sigue. El aumento de la desigualdad no es una gripe, es más bien un tumor que pueda acabar en terminal. Un tumor que puede poner punto final tanto al proceso sobiranista como a este modelo económico de individualismo posesivo con pies de barro. 
    

Fin del abuso por sistema: contra la impune pederastia

(El Periódico de Catalunya, 4 de marzo de 2016)



El fundamento básico de la convivencia es la confianza. Otorgar confianza supone que las relaciones, transacciones y servicios son previsibles y seguros al responder a las expectativas positivas que esperamos. Ahora bien, cuando se rompe la confianza, se pierde un capital intangible mucho más trascendente y valioso que el capital económico. El spotlight destapado por El Periódico en torno a los casos de pederastia en los maristas, ha hundido la confianza que las familias tenían en esa orden religiosa. Lo veremos en la próxima matriculación.

Los maristas son una marca dañada y con una capacidad de piedra a la hora de pedir perdón público y reparar a las víctimas. Su gran aliado es un sistema judicial y un código penal que, incomprensiblemente, considera prescritos los delitos. ¿Acaso el delito de abuso a menores no impacta en su desarrollo futuro como adultos, en su autoestima y dignidad, no deja secuelas y daño moral de por vida? Un código penal que lo niegue responde a valores patriarcal-autoritarios de desprecio a los menores.  ¿Cuándo lo cambiaremos para que no prescriban nunca reforzando así una nueva cultura protectora de la infancia?




La declaración de ayer del Parlament, ha de ser el punto de inflexión. Determina reforzar la formación preventiva de los profesionales (educadores, monitores, médicos, policías y hasta fiscales). También garantiza que todas las escuelas se tomen en serio los protocolos existentes (de 2006 y 2012) como de obligado cumplimiento y con duras sanciones en caso contrario. A la vez, facilita los trámites y canales para denunciar y para prestar amparo y protección a las víctimas que se atrevan a hacerlo público. 

Como sociedad éticamente madura y equilibrada debemos erradicar toda forma de abuso, acoso y dominación hacia la infancia o entre menores. Es un paso que seguimos sin dar del todo. Pederastia, bullying y violencia de género son los tres ángulos oscuros que han de ser erradicados de todas nuestras escuelas públicas y privadas, laicas o religiosas. Basta ya de encubrimientos y de minimizar los hechos. La tolerancia social hacia esas tres bestias es la semilla de un futuro darwinista, bárbaro e inmoral.  

Auditemos todos los colegios religiosos como espacios de riesgo de la pederastia, no sólo los colegios maristas. Abramos la caja negra que deja impunes y fuera de la inspección a las órdenes religiosas. Las que son íntegras, nada han de temer. No hablamos de casos aislados o de depredadores sexuales individuales. Se trata de todo un sistema instituido de encubrimiento donde el abuso a menores ha encontrado el secreto, invisibilidad y discreción que le permiten reproducirse como un sistema a lo largo del tiempo. Han fallado los protocolos y todos los agentes (dirección del centro, la Generalitat, los mossos, la fiscalía…). De nuevo, toda la cadena de confianza se ha derrumbado y sus escombros han roto y herido las vidas frágiles de unas víctimas que han de ser reparadas. Basta ya de amparar el abuso y el acoso por sistema. No nos representa.