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Fin del abuso por sistema: contra la impune pederastia

(El Periódico de Catalunya, 4 de marzo de 2016)



El fundamento básico de la convivencia es la confianza. Otorgar confianza supone que las relaciones, transacciones y servicios son previsibles y seguros al responder a las expectativas positivas que esperamos. Ahora bien, cuando se rompe la confianza, se pierde un capital intangible mucho más trascendente y valioso que el capital económico. El spotlight destapado por El Periódico en torno a los casos de pederastia en los maristas, ha hundido la confianza que las familias tenían en esa orden religiosa. Lo veremos en la próxima matriculación.

Los maristas son una marca dañada y con una capacidad de piedra a la hora de pedir perdón público y reparar a las víctimas. Su gran aliado es un sistema judicial y un código penal que, incomprensiblemente, considera prescritos los delitos. ¿Acaso el delito de abuso a menores no impacta en su desarrollo futuro como adultos, en su autoestima y dignidad, no deja secuelas y daño moral de por vida? Un código penal que lo niegue responde a valores patriarcal-autoritarios de desprecio a los menores.  ¿Cuándo lo cambiaremos para que no prescriban nunca reforzando así una nueva cultura protectora de la infancia?




La declaración de ayer del Parlament, ha de ser el punto de inflexión. Determina reforzar la formación preventiva de los profesionales (educadores, monitores, médicos, policías y hasta fiscales). También garantiza que todas las escuelas se tomen en serio los protocolos existentes (de 2006 y 2012) como de obligado cumplimiento y con duras sanciones en caso contrario. A la vez, facilita los trámites y canales para denunciar y para prestar amparo y protección a las víctimas que se atrevan a hacerlo público. 

Como sociedad éticamente madura y equilibrada debemos erradicar toda forma de abuso, acoso y dominación hacia la infancia o entre menores. Es un paso que seguimos sin dar del todo. Pederastia, bullying y violencia de género son los tres ángulos oscuros que han de ser erradicados de todas nuestras escuelas públicas y privadas, laicas o religiosas. Basta ya de encubrimientos y de minimizar los hechos. La tolerancia social hacia esas tres bestias es la semilla de un futuro darwinista, bárbaro e inmoral.  

Auditemos todos los colegios religiosos como espacios de riesgo de la pederastia, no sólo los colegios maristas. Abramos la caja negra que deja impunes y fuera de la inspección a las órdenes religiosas. Las que son íntegras, nada han de temer. No hablamos de casos aislados o de depredadores sexuales individuales. Se trata de todo un sistema instituido de encubrimiento donde el abuso a menores ha encontrado el secreto, invisibilidad y discreción que le permiten reproducirse como un sistema a lo largo del tiempo. Han fallado los protocolos y todos los agentes (dirección del centro, la Generalitat, los mossos, la fiscalía…). De nuevo, toda la cadena de confianza se ha derrumbado y sus escombros han roto y herido las vidas frágiles de unas víctimas que han de ser reparadas. Basta ya de amparar el abuso y el acoso por sistema. No nos representa.