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Cohesionar la ciudad desde la escuela

(El Periódico de Catalunya, 13 de Abril de 2016)



El aumento de la pobreza y la desigualdad social tiende a traducirse en un aumento paralelo de la segregación escolar. Así queda demostrado en la investigación sociológica. Hablamos de segregación entre escuelas cuando la composición social tiende a ser homogénea de tal manera que las familias y alumnos desfavorecidos se concentran en las mismas escuelas y el resto de clases y capas sociales buscan escuelas de familias semejantes. Hablamos de escuelas-gueto donde no existe interclasismo, mixtura, diversidad o, como dicen, los anglosajones, social mixing. En suma, donde la composición social no es pluralista y múltiple. De ese modo, se limita extraordinariamente el poder cohesionador e inclusivo de la escuela como espacio cívico compartido entre diferentes. 

La polarización social entre escuelas según el poder socio-económico de las familias es en Cataluña una de las más altas de Europa. En Barcelona la segregación escolar es más alta que la segregación residencial. Cada mañana vemos autobuses escolares o padres que trasladan a sus hijos a escuelas situadas en barrios que no son los de su residencia. Optan por escuelas concertadas fuera de sus barrios. Es lo que en sociología conocemos como “vuelo blanco” o white fligth, la huida de las clases medias blancas de sus barrios para evitar escolarizar a sus hijos con alumnado y vecinos inmigrantes o de peor condición socio-económica. Así, se agrava la concentración de alumnado extranjero y pobre en escuelas-gueto donde no encuentran otro tipo de compañeros que sirvan de referentes distintos. Se pierde así, la posibilidad de re-agregar, de educar y aprender a convivir entre diferentes y de socializarse como vecinos en condiciones de mestizaje y diversidad. 

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El gobierno municipal de Ada Colau anuncia su decisión de luchar contra la segregación escolar y recoser las fracturas abiertas por tanta desigualdad social agravada por la crisis. Empezará en los barrios de la franja del Besós potenciando un programa ambicioso de ocio educativo para este verano pero queirá mucho más allá. Ha tomado una decisión valiente y correcta que otros alcaldes socialistas y convergentes no tomaron en el pasado. No es un tema fácil y conviene que sea asumido por todos los partidos demócratas como una prioridad de ciudad, al margen de ideologías. Es más, debe ser asumido en forma de alianzas estables con múltiples actores porque nos jugamos mucho. 

Si Barcelona se ufana de ser la capital mundial de las tecnologías digitales o la preferida por las llamadas clases creativas, no podemos aceptar una Barcelona dual y segregadora desde sus escuelas e institutos. Si no luchamos desde hoy mismo contra la segregación escolar, si no potenciamos una ciudad más colaborativa, inclusiva y con social mixing desde sus escuelas, empobrecemos la democracia y la cohesión social futura. No nos quejemos luego que será ya tarde.

Estamos ante el gran desafío de la gobernanza urbana: construir confianza mutua desde la diversidad como una realidad enriquecedora y transformadora. En otras latitudes ya nos han tomado ventaja y lo tienen más asumido. La clave está en fortalecer un servicio público educativo equiparado en calidad y recursos en todos los barrios donde el social mixing y la diversidad no sean fuente de amenazas o temores, sino el pilar para reconstruir una igualdad ciudadana más cosmopolita.