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Vacaciones escolares necesarias en otoño




En el debate sobre el calendario y horarios escolares se añade ahora la idoneidad o no de establecer una semana de pausa o vacaciones en otoño. Cantabria así lo ha regulado, de tal forma que divide las 175 jornadas lectivas (que no varían) haciendo una semana de vacaciones cada dos meses. De ese modo organizan el curso en cinco bimestres: el primero hasta el 31 de octubre (con 35 días de clase), el segundo hasta Navidad (con 33 días lectivos), el tercero hasta el 20 de febrero (con 32 días lectivos), el cuarto hasta semana santa (con 31 días lectivos) y el quinto y más largo (44 días) hasta acabar el curso en verano. 

Es una propuesta más racional y efectiva que permite al profesorado planificar mejor el tiempo y hacer una primera evaluación en otoño que detecte problemas iniciales en los alumnos y resolverlos. No es de recibo que la primera evaluación se haga en Navidad tras un período tan denso y cargado. Menos aún, si las escuelas funcionan con agotadoras jornadas compactadas en horario matinal. Una opción, por cierto, cuya eficacia sigue sin ser evaluada.

La nueva propuesta de bimestres tiene ventajas pedagógicas si se introducen ciertos cambios complementarios. El primer cambio es ofertar actividades paralelas de aprendizaje en las nuevas vacaciones de otoño y febrero, facilitando las escuelas abiertas y la conciliación familiar. Han de aprovecharse no sólo para acciones de refuerzo sino, sobre todo, para abrir el curriculum y el aprendizaje a la ciudad, al entorno y a la vida real. El profesorado debería acordar un plan globalizado e interdisciplinar que vincule lo fundamental de las materias con un proyecto concreto de entorno en el que participen otros actores educativos (entidades, profesionales, museos, etc).

El segundo cambio que aportaría ventaja pedagógica sería más estructural y troncal. El actual corte entre primaria y secundaria a los 12 años no se fundamenta en el desarrollo cognitivo de los niños. Hay que regular una nueva etapa intermedia (NEI) entre los 10 y 13 años como transición pedagógica entre la primaria y los institutos. A los 9 años acaban los procesos básicos de matemática y lecto-escritura y el razonamiento abstracto no llega hasta los 14 años. La NEI tiene sentido pedagógico para ir trabajando las inteligencias múltiples, la curiosidad intelectual y los métodos más sistemáticos por proyectos. Es una transición necesaria que acabaría con tantas repeticiones en primero y segundo de la ESO, a la vez que, fundamentaría mejor el rendimiento entre los 14-16 años, reduciendo el fracaso escolar.

Bienvenida sea la pausa escolar en otoño (y febrero) si se introducen estos cambios que aportarían claras ventajas pedagógicas. A la vez, se debería clarificar el debate y diferenciar entre el tiempo docente, el tiempo de los alumnos y el tiempo en que la escuela ha de estar abierta, dado que no son coincidentes. A parte, de cambiar los irracionales horarios y el huso horario de Berlín implantado por Franco que inciden en que los niños españoles duerman una hora menos que en el resto de Europa.