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Eterno estancamiento en PISA (2000 - 2015)

(El Periódico de Catalunya, 7 de diciembre de 2016)



Una primera lectura de los resultados PISA 2015 es la confirmación del preocupante estancamiento durante los últimos 15 años. En matemáticas, la puntuación española del 2015 (486) es calcada a la de 2003. En lectura (496) y en ciencias (493) son casi las mismas puntuaciones que en el año 2000. No hay cambio de tendencia. La educación española sigue estancada en un flujo constante e imperturbable a pesar del aumento del nivel educativo de los padres durante todos estos años, de los planes de mejora de las consejerías de educación y de la introducción de las TIC en las aulas.

Una segunda lectura que deberá hacerse tras analizar al detalle los resultados es el posible impacto de la crisis y de los recortes en la desigualdad de resultados. En el anterior PISA de 2012 ya aparecía una tendencia preocupante de menor equidad y mayor influencia del origen social sobre los resultados. En España y Cataluña, por ejemplo, el peso determinante del origen social sobre los resultados PISA había aumentado un 24% entre 2003 y 2012. Es esperable que ahora el estancamiento se acompañe de mayor desigualdad en 2015 y, por lo tanto, los resultados dependan cada vez más del origen social y del capital cultural familiar. En tal caso, la parentocracia se impondría a la cada vez más más difícil función igualadora de la escuela, muy debilitada por los recortes en profesorado, inversiones y becas. 

En 2014, el director de PISA, Andreas Schleicher compartía mesa de debate con el ministro Wert y perfiló un duro diagnóstico de los males del sistema español. Los resultados se estancan porque predomina la didáctica tradicional basada en la memorización, que penaliza los errores y no personaliza el aprendizaje en un contexto donde ni profesorado ni centros tienen suficiente autonomía y libertad creativa para innovar. De los 60 países analizados en PISA en los últimos años, 40 han mejorado resultados, pero no España. A pesar de contar con menor ratio en el aula, mejores salarios iniciales de los maestros o acoger menor tasa de alumnos "problemáticos" que Singapur o Finlandia. No hay mejora, le decía Schleicher a un Wert con piel de elefante que responsabilizó al profesorado de todos los males del sistema por no impulsar " los cambios necesarios en la didáctica de los temarios". Ya se sabe, los malos son los otros.

La nefasta reforma LOMCE, aplaudida y defendida por Rajoy y todo el PP en su momento de gloria, va a contracorriente de toda la evidencia científica sobre lo que funciona en educación. Es lo más dramático y peligroso porque lo dogmático se ha impuesto a lo razonable sin permitir un debate fundamentado sobre los cambios necesarios que requiere la educación española. Otros países como Alemania, Polonia o Estonia, sin fetichizar a PISA, la han sabido utilizar para incorporar micro-reformas que han mejorado sus resultados durante estos años. España sigue en su limbo. Estancamiento en resultados, mayor desigualdad y desinversión pública que refuerzan la parentocracia. Es una mala herencia que el futuro pacto educativo debe saber revertir con inteligencia sociológica.