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Lluvia de piedras contra la infancia

(El Periódico de Catalunya, 5 de febrero de 2017)




Hace ahora un año, El Periódico destapaba el repugnante caso de pederastia de los maristas en Barcelona. Todo un ejemplo de buen periodismo de investigación que no sólo se centró en narrar el escándalo sino también en hacer la crónica rigurosa de todas las estratagemas de la cúpula marista y de las administraciones para minimizar y ocultar el caso. Ambos hechos son elocuentes. De una parte, la existencia tolerada durante años de todo un sistema de abusos de menores por parte de unos depredadores protegidos por la orden religiosa. De otra, todo un sistema de vigilancia pública de los derechos de la infancia y protocolos preventivos que no han funcionado. Han fallado todos los agentes públicos (Estado, Generalitat, mossos, fiscalía, código penal…) y son co-responsables de una impunidad consentida sin haberse puesto a disposición de las víctimas. 

Estamos ante el mayor caso de pederastia denunciado y hecho público en España con 21 depredadores sexuales, 50 víctimas abusadas y otras 35 vejadas, destapado gracias a la profesionalidad de este diario. Tan pasiva ha sido la respuesta de las administraciones que el primer padre que denunció los abusos sexuales padecidos por su hijo ha llegado a poner una denuncia ante el Parlamento Europeo. Cuando la sociología analiza los casos de desviación y transgresión pone el foco, sobre todo, en la respuesta social e institucional que se les da. En función de lo dura o blanda que sea la respuesta punitiva o sancionadora, queda reflejado el sistema de prioridades morales de aquella sociedad. Este escándalo evidencia que la protección a la infancia no es una prioridad moral compartida y eso nos  avergüenza y paraliza sin tomar medidas drásticas de cambio

Es más, si seguimos con una lectura sociológica, más bien se pone en evidencia que en nuestras vidas e instituciones todavía perdura un patriarcado cruel y abusador que debe mucho al pasado franquista que sigue sin ser extirpado. Ni en el sistema judicial, ni en el código penal ni en la capacidad de exigencia reparadora que deberían haber mostrado las administraciones. Demasiado consentimiento, demasiada recelo y culpabilización a la víctima, demasiado respeto a órdenes religiosas que educan a la infancia sin auditorías ni controles rigurosos. Demasiado cinismo institucional por creernos modernos y europeos pero dejamos a las víctimas indefensas y a los depredadores y consentidores sin duras reparaciones para depurarlos. Demasiada herencia franquista y clerical.

Seamos sinceros, en Cataluña seguimos sin tener un verdadero “sistema” de protección a la infancia, a pesar de algunas loables iniciativas muy destacables. Es toda la sociedad la que queda retratada. Por dedicar tres veces menos a inversión pública en infancia sobre la media europea. Por  liderar el ranking europeo en pobreza infantil. Por no retirar las subvenciones a las escuelas de los maristas y por no auditar todos los colegios religiosos como espacios de riesgo. Con la Iglesia hemos topado, querido Sancho... ¿Hasta cuándo seguirá esta lluvia de piedras que dejamos caer sobre la infancia?